Lluvia de Shahe Fen: el triste retorno de un migrante


  Para: Enrique Saavedra, conocedor y amante del buen mentir

Si usted está en el lobby del teatro Santa Catarina esperando a ver El dragón dorado, y una linda muchacha vestida con un quimono le ofrece un té de jazmín, no dude en aceptarlo. La sabiduría popular, repitiendo y apropiándose de la sabiduría china,  recomienda un té de jazmín para calmar los nervios, la ansiedad y relajar el cuerpo. Déjese mimar, que uno nunca sabe cuándo empieza el vapuleo de la vida diaria…

“Buenas noches, tome asiento”, repiten amablemente las chicas del quimono a cada uno de los espectadores (¿o comensales?). Los tiempos de la comida van sucediéndose  uno a uno: primera llamada…segunda llamada… ¡principiamos…! El público relajado y dispuesto (gracias al tecito) está cumpliendo cabalmente su papel: está expectante, no podría permanecer indiferente, la curiosidad lo mata; ya que logró lo que pocos: meterse hasta la cocina. Llega el primer cocinero (José Sefami) y toca el gong una, dos, tres veces… para avisar que inicia el drama caótico, literalmente caótico,  de El dragón dorado, cárcel de sueños y de migrantes. Sigue leyendo

La lengua no se somete a la democracia


La lengua no se somete a la democracia

Estimados lectores y lectoras, hoy escribiremos sobre  una verdad incómoda, y como estoy segura que son hombres y mujeres inteligentes, se los diré sin ningún miramiento más: la lengua no se somete a la democracia; sin embargo, cuando se emplea este discurso sirve de excelente vehículo para hacerles creer en ella.

Dejando a un lado el pedacito de discurso foxiano y el sarcasmo hacia quien puso de moda este tipo de oratoria en México, hablemos sobre dicha tendencia que se acentúo en el ámbito público y por qué es una especie de cortina de humo. Sigue leyendo

“leer no es lo mismo que Leer”


¿leer o Leer?

“¿Leer un libro?, ¡qué aburrido!” dicen los alfabetas, severamente juzgados como “disfuncionales”; mientras los amantes de la lectura retuercen la boca al oír esta declaración y algunos profesores de español o literatura ven crecer en su cabeza una cana más. Para un asiduo lector es difícil entender este fastidio en quienes ni siquiera se han atrevido a leer uno de pe a pa. Sigue leyendo